17/03/2026

UN GOLPE BRUTAL A LA IDENTIDAD DE OAXACA: RECORTE EN EL PRESUPUESTO 2026

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En Oaxaca “la cultura no es prescindible, es el hilo que teje la nación”.

Por Frida González / Sagrario Martínez / Froylán Méndez

Oaxaca de Juárez, Oax. – En un país donde la cultura no solo es patrimonio, sino el alma misma de sus pueblos, el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) para 2026 plantea un escenario desbastador para la Secretaría de Cultura de México. Con una reducción estimada en mil 984 millones de pesos, equivalente a un 13.16% menos respecto a los 15 mil 081 millones aprobados para 2025, este “tijeretazo” no es solo un ajuste fiscal, sino una declaración implícita sobre las prioridades nacionales. Para el estado de Oaxaca, cuna de una diversidad cultural inigualable con sus 16 grupos étnicos indígenas y sitios arqueológicos como Monte Albán y Mitla, este recorte representa una amenaza directa a su esencia vital.

La reducción de programas culturales y artísticos es uno de los impactos más inmediatos. En Oaxaca, donde la cultura es un motor de cohesión social, programas federales como los apoyos a artesanías, danzas tradicionales y expresiones indígenas podrían verse drásticamente mermados. El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) enfrentaría una caída de 943 millones de pesos, pasando a solo 3 mil 943 millones, lo que afectaría iniciativas como talleres de formación artística en comunidades indígenas. Esto significa una desconexión con la base de la identidad oaxaqueña, donde la cultura no es un lujo, sino una forma de resistencia y supervivencia histórica.

El impacto en museos, bibliotecas y sitios arqueológicos es particularmente alarmante para Oaxaca, un estado con más de 10 mil sitios registrados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Este organismo, el más golpeado con un recorte de mil 288 millones, vería retrasadas restauraciones en zonas arqueológicas, patrimonios de la humanidad que ya sufren erosión por falta de mantenimiento. Bibliotecas comunitarias en regiones rurales, como las de la Sierra Norte, podrían cerrar o reducir servicios, limitando el acceso al conocimiento en un estado donde la alfabetización cultural es clave para combatir la desigualdad.

Las comunidades indígenas y rurales de Oaxaca, que representan más del 60% de la población estatal, sentirán el efecto con mayor crudeza. Programas como los de la Subsecretaría de Diversidad Cultural, aunque con un leve aumento nominal, no compensan la pérdida global. En pueblos como San Juan Guelavía o Teotitlán del Valle, donde la artesanía textil y las tradiciones orales son el sustento diario, la suspensión de becas y apoyos federales podría forzar migraciones o el abandono de prácticas ancestrales. Expertos como Carlos Villaseñor, especialista en políticas culturales, advierten que este presupuesto representa solo el 0.13% del gasto total, el más bajo en décadas, lo que refleja una desvalorización sistemática de la cultura como derecho humano. Esto perpetúa ciclos de marginación: sin inversión cultural, las comunidades indígenas pierden herramientas para empoderarse económicamente y socialmente.

La pérdida de empleos y la fuga de talento es otra faceta devastadora. En Oaxaca, miles de personas como artesanos, guías turísticos, arqueólogos y artistas, dependen directamente de fondos culturales. El cierre de centros culturales, como posibles sedes del INAH o espacios comunitarios, y la cancelación de festivales emblemáticos de Oaxaca, no solo eliminarían puestos de trabajo, sino que impulsarían una “fuga de cerebros” hacia urbes con más oportunidades. Alejandro Ortiz González, escritor y productor, lo resume crudamente: “Recortar a la Cultura es recortar los derechos culturales de la sociedad”. Esta afectación a quienes viven de y por la cultura no es colateral; es el corazón de una economía creativa que genera millones en turismo y exportaciones artesanales, pero que ahora se ve amenazada por una disminución en la economía creativa nacional.

El impacto económico indirecto es incalculable. Oaxaca, con su PIB cultural contribuyendo significativamente al turismo (alrededor del 20% del ingreso estatal), sufriría una cadena de efectos: menos visitantes a sitios arqueológicos retrasados en restauración, suspensión de becas para jóvenes artistas, y una desvalorización general de la cultura que desalienta inversiones privadas. Esto no solo reduce ingresos fiscales locales, sino que agrava la pobreza en zonas marinadas, donde la cultura es un puente hacia el desarrollo sostenible.

Opiniones de expertos refuerzan esta crítica. Lucina Jiménez, posible titular de Formación y Gestión Cultural, y Diego Prieto, del INAH, enfrentan un panorama donde incluso nuevas unidades carecen de fondos adecuados. Morena ha insinuado ajustes, posiblemente incrementos a Cultura para mitigar el recorte inicial, pero expertos como Villaseñor insisten en que, sin un presupuesto robusto, la crisis persistirá. En Oaxaca, esto se traduce en un llamado urgente “la cultura no es prescindible, es el hilo que teje la nación”.

En concreto, este recorte no es solo fiscal; es una miopía política que subestima el poder transformador de la cultura. Para Oaxaca, significa arriesgar su legado en aras de “austeridad” que, paradójicamente, podría costar más en desigualdad y pérdida de identidad. Es hora de que el Congreso reconsidere “invertir en cultura es invertir en el futuro de México”.

Frida González / Sagrario Martínez / Froylán Méndez

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